La institución universitaria ha recibido, en menos de una semana, tres amenazas de presuntos ataques armados.
A través de un pronunciamiento dirigido a la rectora del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), María Estrada, la comunidad estudiantil hizo 10 peticiones sobre seguridad en el campus y dinámica académica.
La institución universitaria ha recibido, en menos de una semana, tres amenazas de presuntos ataques armados, lo que ha obligado a las autoridades del TEC a suspender actividades presenciales en sus campus y a migrar a la virtualidad, por lo menos, hasta este fin de semana.
Por este motivo, bajo la firma del representante estudiantil ante el Consejo Institucional, Wagner Segura Porras, la comunidad estudiantil expresó su preocupación e hizo una serie de peticiones a las autoridades de la academia.
Según el pronunciamiento, se ha mantenido la espera y la confianza en las decisiones que se tomen por parte de la administración, pero consideran que debe hacerse más.
“El día de hoy se evidenció un completo desapego a las necesidades institucionales y una absoluta incapacidad para la toma de decisiones que resguarden la integridad de la institución, es inaceptable acoger “la guía ante un evento por persona armada (tirador activo)”, este intento de protocolo indica “correr, esconderse o defenderse” como supuestas medidas de contención; resulta hasta risible que se considere estas acciones como óptimas ante un tiroteo”, dicta el comunicado.
Lo que exigen son 10 puntos:
- Que se refuerce (en la medida de lo posible) el personal de seguridad en todos los campus y centros académicos, siguiendo estándares internacionales aplicables a instituciones con riesgo frecuente de tiroteos.
- Que se elabore un protocolo digno y lógico que sí contemple y salvaguarde la integridad de toda la comunidad institucional, incluyendo a las personas con discapacidad tomando en cuenta las condiciones reales con las que cuentan tanto profesores, administrativos o estudiantes en el TEC.
- Se asigne el presupuesto para que adapten las instalaciones de todos los campus para que puedan servir como protección a la comunidad en caso de un ataque armado y este sea un espacio seguro para todos.
- Que se adopte la virtualidad para lo que resta del semestre, a fin de no exponer a la comunidad estudiantil mientras persistan las amenazas y no existan garantías efectivas de seguridad.
- Que cese el uso del “incompleto” como mecanismo de presión sobre el estudiantado y que se establezca un criterio técnico claro y público para justificar en qué casos una evaluación no puede realizarse en modalidad virtual.
- Que no se ordene el retorno a la presencialidad hasta que existan medidas de seguridad reales, suficientes y verificables, incluyendo, como mínimo, mayor presencia de seguridad, rutas de evacuación definidas, control efectivo de accesos y protocolos actualizados y óptimos para situaciones de ataque armado.
- Que se elimine la narrativa institucional basada en expresiones como “hay que evaluarlo”, “hay que analizarlo” o “vamos viendo”, cuando se utiliza para justificar la ausencia de decisiones claras en materia de seguridad, por cuanto tales respuestas solo generan incertidumbre y ponen en riesgo la seguridad y estabilidad del estudiantado.
- Que se elabore e implemente un plan específico, reforzado y por escrito para las residencias estudiantiles, especialmente para quienes tienen la residencia como su hogar, contemplando medidas diferenciadas de prevención, resguardo y respuesta ante amenazas de ataque armado.
- Debido a que muchos estudiantes se encuentran en sus casas y ante la incertidumbre de una resolución que clarifique del proceder a partir del 24 de noviembre, se exige informar a la comunidad institucional a más tardar el 22 de noviembre
- Que la comunicación oficial emitida hasta la fecha ha resultado, en ocasiones, tardía, fragmentada e incompleta, lo que ha impedido que la comunidad institucional cuente con información clara, suficiente y unificada sobre el nivel de riesgo, las medidas adoptadas y los pasos a seguir; y que esta falta de claridad ha contribuido a mantener y profundizar el clima de temor, ansiedad e incertidumbre dentro de la comunidad estudiantil. Por ello, se vuelve indispensable fortalecer y mejorar de manera inmediata los mecanismos de comunicación institucional en contextos de amenaza, garantizando mensajes oportunos, coherentes, accesibles y transparentes, a fin de evitar seguir atemorizando injustificadamente a la comunidad universitaria.